Meses atrás me fue revelado que la única manera de derrotar al enemigo es entregarlo a la gracia y al poder de Dios, para que pronto la desgracia que aqueja a Europa, en la actualidad, sea destruida. Así, las mentes de los hombres que sirven al mal y no tienen piedad por esta hermana humanidad serán derribadas para siempre.
En una acostumbrada contemplación, vi a Vladímir Vladímirovich Putin poseído por la bestia, entregando la sangre de todos los ucranianos y europeos para apoderarse de sus países y, poco a poco, tomar poder sobre la tierra; mientras que los ucranianos despiden a sus muertos, las familias se dividen, hombres civiles toman las armas para defender sus territorios, pero lo más aterrador es ver a los niños ucranianos huyendo solos, sin padres ni madres. La humanidad entera se hinca de rodillas orando y rezando, unos cuantos pidiendo a Dios y otros, acudiendo a la intercesión de la Virgen Santísima, para que nuestros ruegos sean escuchados.
Hoy por hoy, la fuerza de nuestra fe está por debajo de las fuerzas del mal. Por tal razón, los invito a unirnos y a pedir a Dios que tenga compasión de todos nosotros, en especial orar por nuestros hermanos ucranianos, entregando el cuerpo, el alma, el espíritu y la mente del presidente de Rusia, así como a todo su cuerpo político, que están destruyendo la vida en Europa.
Bien sabemos que no hay ser más poderoso que Jesús de Nazareth, hijo del verdadero Dios, y Él nos ve y observa. Sin embargo, necesitamos que unamos nuestras fuerzas en la fe para derrotar a la bestia rusa. ¡No dejemos de orar! ¡Sigamos rezando! ¡No seamos insensibles ante nuestra cruda realidad!
Un mal diabólico se abate sobre él, ahora que se ha acostado, no se levantará
Salmo 41, versículo 9
