El R.P. Harold Marlow Corriere fue una de las personas más importante en mi vida, convirtiéndose en mi confesor, amigo y hermano, así como en testigo presencial y prudencial de las revelaciones que nuestro Señor Jesucristo me había otorgado por medio de la videncia y la clarividencia. Su partida al mundo espiritual se convierte, ahora, en una pieza eclesiástica fundamental para el desarrollo de mi vida actual y para muchos parroquianos, quienes unidos aplaudimos su actuación por el buen paso que tuvo por este mundo terrenal.
Cómo olvidar mi despedida (hace más de veinte años) ante la imagen sagrada de Santa María de Guadalupe en la capilla auxiliar de la Catedral del Callao, Perú, en donde fungía como párroco en aquel entonces, convirtiéndose en mi bastión. Por eso y por muchas cosas más, con orgullo puedo decir que se ganó el cielo, y no lo digo para sosegar mi vanidad, sino porque me fue revelado por la santa sabiduría su preparación para ser ascendido al séptimo cielo. Estoy convencido de que yace en el jardín de la Madona, riendo como cuando lo hacía en vida, porque fue ella misma que me anunció su pronta partida.
Los hombres de este mundo jamás comprenderán su paso por este valle de lágrimas y muchos de ellos no sentirán el impacto de su partida, porque sus bocas están llenas de maledicencia y sus labios son blasfemos. Sabemos muy bien que pronto serán castigados por la ambición del poder y del dinero. Recuerdo todas esas cosas que te irritaban en vida, así como los cultos superfluos, ritos e iniciaciones impías, que hoy forman parte del pasado porque triunfaste sobre la muerte y sé que no nos abandonarás a nuestra suerte.
Nos dejó una herencia prolija, que ha quedado sellada en la historia del Perú, y es sin lugar a dudas su fe en el amor que profesó al Señor del Mar y a la Virgen del Carmen de la Legua del Callao. Seguirá siendo un hombre afortunado porque ahora vive en espíritu entre nosotros, enseñándonos ejemplos de nobleza y humildad, así como de sumisión y obediencia.
Su mayor pecado fue haber sido enérgico y auténtico con su realidad a cuestas, mostrando su verdadera cara y desechando toda máscara, sin ocultar nada ante lo ojos de los demás. Fue un verdadero profeta, que atendió a pobres y ricos, nacionales y extranjeros, a desvalidos y no desvalidos. Dios conocía su dolor, por eso le quitó la clerma que siempre le molestó, para vestirlo de blanco elevándolo a los altares celestiales y coronándolo como su fiel servidor.
Recuerdo su paso por tierras mexicanas concelebrando la santa misa con el Cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera, en la Basílica de Santa María de Guadalupe, en el día de la Santa Cruz, así como otras participaciones religiosas que tuvo a lo largo de su estancia por este hermoso y bello país. Como testimonio de dicho evento yace en mi poder una biblia de Jerusalén que pocos conocen y que al calce escribió con su puño y letra.
«LA PALABRA DE DIOS ES VIDA, TU VIDA ES DE DIOS, VÍVELA…»
(R.P.Harold Marlow Corriere)


GRACIAS IVAN!!!!